Las tres casacas del Marqués de Letorié

 

 

Que el Marqués de Letorié utiliza perversamente sus grandes cualidades y artimañas para convencer a tres testarudos jueces; quizá sea la lectura más simple que podemos sacar de la adaptación teatral que Juan Pablo Ortega ha hecho de la novela de Eugène Süe.

 

 

Pero si después de contemplarla realizamos una ligera recapitulación observaremos que nuestro polifacético marqués no hace otra cosa que dar a cada contrincante lo que este necesita – en algunos casos lo que le demandan con insistencia -.

 

 

 

Para llevar a cabo su arriesgada empresa se hace confeccionar tres casacas; cada una de ella le servirá para mostrarse de la manera más próxima y semejante a las inquietudes y anhelos de estos rancios y aburridos consejeros. Son el disfraz y la interpretación las únicas armas que porta. Luego todo queda suspendido, en el aire, como en una pieza teatral en la que agotado el texto dependemos exclusivamente de la improvisación del actor principal.

 

 

¿Qué argumentos defender? ¿Hacia dónde inclinar la trama para no verse ahogado en ella? ¿Qué llaga cubrir para con ello provocar misericordia?...

 

 

El Marqués no es ningún genio de la interpretación pero sí un inteligente dramaturgo que sabe tender la mano a aquellos que lo necesitan. inspiración a autores teatrales desde que las farsas y las fablillas se pusieran de moda en el siglo de oro.

 

 

 

 

 

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